Familia y recuperación

Una persona en situación de consumo es una persona muy parecida a nosotros, expuesta a factores de estrés, como los financieros. La persona vive en una barriada con exposición a la venta de sustancias, esa persona fue expuesta a violencia ya sea en el hogar o en el colegio; estos factores en sí no son un rompecabezas que va dibujando el perfil de una persona que consume.

Cuando pensamos en estos factores nos daremos cuenta que la mayoría de las personas hemos sido expuestas a situaciones como estas. Todos estamos avasallados por la realidad financiera, todos somos expuestos a violencia y hemos sido expuestos a violencia y todos hemos sido expuestos a sustancias porque vivimos en comunidades, barriadas donde hay acceso fácil a sustancias… sustancias como el alcohol, licores de todo tipo, cigarrillo, vape… También son sustancias. ¿Hay alguna diferencia entre estas sustancias y otras que se podrían considerar “duras”?, no. En términos de cómo actúan en el cerebro, producen el mismo tipo de respuesta.

La siguiente pregunta es inquietante, ¿cómo son las familias de estas personas? Son familias aparentemente normales. Familias donde no hay una expresión abierta de las emociones. Son familias donde sus miembros no son personas completas, son fragmentos del deseo de los padres: hijo que debe seguir el negocio familiar, hijo que debe superar las limitaciones financieras del padre, hijo parentalizado…  En este sentido, son muchas las familias como estas y muchas otras características y son familias donde hay o ha habido exposición a sustancias.

¿Es la familia responsable, culpable?, no. La familia es el lugar donde aprendemos (de generaciones anteriores y de la propia) estrategias sobre cómo calmarnos, cómo esperar, cómo compartir, cómo hablar con los demás. Las familias necesitan y han necesitado siempre tiempo juntos para compartir. El trabajo y los compromisos que nos llevan fuera de casa nos quitan “tiempo” para compartir, lo importante es que podamos hacerlo… Luego surge la pregunta: antes cuando había más tiempo y uno de los miembros de la pareja permanecía en casa, ¿por qué se daba esta situación? Las respuestas son muchas…

Las familias logran enseñar estrategias de afrontamiento a la realidad, al manejo de las emociones, habilidades de comunicación y algunas otras en cierta medida, podríamos decir casi como un boletín, en una escala del cero al cinco; esto quiere decir que no todas las familias logran esa meta porque tal vez sus miembros están luchando con esos mismos temas (por distintos motivos). Luego existe un elemento extremadamente poderos sobre el consumo de sustancias que facilita y potencia la desconexión a la familia: la vergüenza y la culpa.

La expresión de las emociones, el lenguaje no culpabilizador, la aceptación radical de los miembros de la familia son algunas fortalezas que podrían ir fortaleciendo las familias… Es interesante contrastar qué tanto nuestras familias de origen encajan con esos tres puntos, no muchas. Todavía no sabemos cómo corregir sin culpar, cómo calmar sin controlar… es un reto y como tal debería ser enfrentado con consciencia. Para las personas que quieren tener hijos, busquen ayuda para aprender estas herramientas, busquen mejorar, trabajen en sus propias habilidades para calmarse, para entrar en paciencia, para ser asertivos, para consolar, para aceptar radicalmente.

Muchas sustancias son diseñadas para crear dependencia rápida, porque son un negocio e infelizmente hay personas lucrando con el dolor y lágrimas de familias enteras… Es impresionante, pero una de las conclusiones a las que podemos llegar del consumo es: si tienes cerebro, sistema nervioso, estás en riesgo de entrar en una situación de dependencia si eres expuesto a sustancias. Es una responsabilidad de todas las familias saber más. Conocer más sobre las adicciones, y sobre estas nuevas sustancias. Las familias son frágiles y poseen gran resiliencia, y como tal…  merecen la pena cuidarlas.

 

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